Inquisición 

No lo puedo creer. Anoche fuimos víctima de la Inquisición. No puedo creer que en esta época en la que somos instruidos sobre los derechos de los demás, sobre la libre asociación, sobre la libertad de culto, hayamos sido victimas de un acto de violencia equivalente a la Inquisición de la que tanto nos hablan en las clases de historia del viejo mundo. 

Somos un grupo de personas que vivimos en una residencia común. Un edificio para varias habitaciones. Nos reunimos en la gran sala para hablar de nuestras ideas, pensamientos y creencias. No hacemos daño a nadie. Ayudamos al prójimo sin importarnos si comparte nuestras creencias o no. 

Lo peor de todo este ataque, es ver las caras de amigos de la infancia, vecinos y familiares arrojar piedras a nuestra casa.  Usar perdigones, lanzas de fuego. Nada le hemos hecho. Solo nos reunimos. No vamos pregonando, ni predicando a nadie. Quienes se unen a nosotros lo hacen porque están cansados de lo que ven y viven diariamente. 

En esta época, en la que contamos con alternativas de comunicación masivas que nos hablan e instruyen sobre la existencia de constituciones que garantizan derechos, organizaciones mundiales que abogan por  La Paz, los de derechos humanos, la exterminación de la de trata humana debería ser imposible la existencia de tanta intolerancia. Debería ser inexistente la violencia en contra de los que no creen igual que los demás, pues se conocen estos derechos, estas diferencias. 

Aquellos que se llaman religiosos, en su mayoría son intolerantes. Actúan como  si fuera imposible que Dios haya sido el creador de personas que piensen diferente. Se basan en la Biblia. Hablan de Sodoma y Gomorra. Todo el que se opone a la relación de personas del mismo sexo lo hacen apoyándose en sus creencias religiosas. Lo mismo con el aborto. 

No es que esté de acuerdo con ellos, es que no soy quién para juzgarle. 

Si no voy a la iglesia, soy pecadora, si me doy unos tragos soy una cualquiera. Es que acaso Dios me creó para ser igual a todos o, para ser feliz a mi manera. 

Dentro de la Carta de Derechos humanos existe el derecho a la felicidad. Desde mi punto de vista, cada quien es feliz de una manera diferente. Aunque puede que muchas personas se sientan felices con la manera en que viven siendo esta una común, no significa que todos tengamos que tener la misma idea sobre cómo vivir felices. Cada quien tiene el derecho de vivir su vida como la quiera vivir siempre y cuando no le quite la felicidad a otros. 

No le hemos quitado la felicidad a otros, no hemos intervenido en los planes de felicidad de nadie. No es nuestra culpa que nuestra felicidad ocasione que los demás se sientan infelices. Si se concentraran en su felicidad, ni se darían cuenta de nuestra existencia. 

Aquí seguiremos en pie de lucha por nuestra felicidad, sin mirar atrás o a los lados, solo hacía al frente a a nuestro interior. Nos levantaremos de nuevo. Hemos salido airosos. Lo material se repone. Nuestra felicidad fue molestada brevemente mas no destruida. 

Gracias a Dios (si creo en su existencia), solo fue un sueño. Así que seguiré siendo feliz a mi manera. Aquel que quiera unirse a mi congregación, es bienvenido a ser feliz a su manera, es el único requisito. No hay reuniones obligatorias.  Solo una llamada para encontrarnos en algún lugar es suficiente. 

Los quiero.