Tolerancia…¿y mis sentimientos, qué?

Hoy recibí un balde de agua fría que paralizó mi capacidad de razonar. Titubee por horas, pensando en si debía responder o no. Pensando en si debía hacer algo, llamar a alguien, insultar a alguien.  Me ha tomado años, el aprender a no reaccionar impulsivamente. El tiempo me ha enseñado que en ocasiones es mejor callar, pues el tiempo te dará la razón. 

Hoy, no fue fácil. Una madre, puede tolerar ser insultada, puede tolerar ser maltratada, puede aceptar lo que venga hacia ella. Una madre jamás puede lidiar sanamente, sensatamente y racionalmente cuando le tocan un hijo. Lloré de rabia, de impotencia, pues, no importa lo que hiciera, probablemente el mensaje no iba a llegar a la persona indicada. 

Dicen, que la persona inteligente, se sienta, piensa, observa calladamente y en su momento actúa. Me he considerado y me considero una persona de inteligencia sobre el promedio. Siempre tuve buenas notas. Cuando más joven, recuerdo que en mis primeros trabajos no me dejaba molestar, humillar o faltar el respeto de nadie y bajo ninguna circunstancia. Reaccionaba impulsivamente a cualquier acción que representara para mí una ofensa o humillación. No lo pensaba dos veces. La vida, el tiempo, los estudios, adiestramientos y otras cosas me enseñaron, que nada o muy poco logramos con reaccionar impulsivamente. Aprendí con el tiempo a controlar mi impulsividad. He mejorado, aún así, hay situaciones ante las cuales, lo hago.  

Una herramienta que me ha ayudado a lograrlo, ha sido el preparar un borrador de una carta o mensaje. Hoy, poco me faltó, para perder el control y gritar públicamente, a través de las redes sociales, mis sentimientos.  Estuve a un segundo de decirle a quien entiendo me ofendió al ofender a mi hijo, tres o cuatro buenas palabras. En su lugar, me desahogué con otros, sin faltar el respeto.  En su lugar, decidí alejarme de hacer algo que me apasiona. 

No grité, no insulté, no perdí. Perdieron otros. Perdieron a una persona responsable, dedicada, comprometida y conocedora de lo que hacía. 

Esta es mi reacción al ataque a mi hijo. No lo perdono, y no lo perdonaré. Tal vez, en algún momento, me lo encuentre de frente y podré entonces, con la mayor calma que pueda guardar, decirle en su cara, este es mi hijo, y más decente que usted y muchos de los que lo rodean. 

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