Querido……

¿Amigo?  ¿Colega? ¿Compañero de labores?

Mi interpretación de la palabra amigo, me lleva a concluir que no somos amigos. Para mí un amigo es aquella persona con quien compartes momentos personales, actividades sociales, asuntos personales, en fin alguien que conoce mucho de tu vida personal y aún así te acepta y sigue compartiendo contigo.

Colega es, para mí, alguien con quien compartes una profesión similar. Compañero de labores, es aquella persona con la cual compartes un trabajo o algunas de tus labores. Tal vez la una o la otra. Insignificante, de cualquier manera es, cuál de las tres opciones, para lo que te quiero decir.

Este escrito, en público documento se convertirá, tan pronto presione el botón que dice “publish”. Dicen que el que nada arriesga, nada gana; nada pierde, solo el miedo. De la misma manera que me estoy arriesgando a perder la relación presente que tenemos, o a modificar la interacción, al escribir esto, tú te puedes arriesgar a inquirir o quedarte callado. Si decides inquirir, lo cual es tu prerrogativa, debes tener en mente que es mi prerrogativa, negar que es a ti a quien va dirigido el escrito. Cualquier lector puede intuir que va dirigido a él. Tu decisión. Quiero añadir, que decido escribir esta carta, pues no encuentro la manera de expresarte lo que pienso, de frente. Así que, puedes concluir que de arriesgada, no tengo mucho y de valiente, para estas cosas, muy poco.

Cuando te conocí, luego del intercambio de la información necesaria para el propósito del encuentro, no hubo en mi impresión más allá de la necesaria para el momento. Inteligente, bien preparado profesionalmente, dispuesto a aceptar retos y cooperar en lo que se esperaba. Luego de varias interacciones, comencé a notar algunas cosas que me fueron agradando de ti. Jovial, bohemio (al menos eso me pareció).  Con conocimiento suficiente de la vida. Sobretodo, tu mirada profunda. Tu presencia comenzó a inquietarme y la misma vez me resultaba agradable. Al llegar a los lugares donde sabía te encontraría, buscaba tu presencia con mi vista. No preguntaba. De alguna manera siempre surgía la interacción usual, el intercambio de palabras y de vez en cuando una broma.

Con el pasar del tiempo, me fui interesando más en ti, pensaba más en ti, y tengo que confesar que a veces inventaba excusas para hablarte. Llegué a ilusionarme con el pensamiento de una relación más allá. De una relación más íntima, más cercana. Aunque percibí algo de aceptación de ti para mí, nunca diste un paso más allá. A pesar de los coqueteos y bromas, no hiciste la movida que esperaba. En esa espera, es que realizo, entiendo y acepto que podríamos ser solo amigos. Nada más.

Mi conclusión se basa en que durante la espera, te fui conociendo mejor y realicé que somos diferentes. No pensamos igual, no tenemos los mismos ideales. No tenemos las mismas filosofías de vida. Aunque en lo básico somos muy parecidos, en lo esencial somos diferentes. Sería sumamente interesante sentarnos a hablar de tus puntos de vista y de los míos, alternando los turnos.

Entonces, ¿querido amigo?

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