¿Bendiciones o destino?

Me siento bendecida.  Cada día tengo muchas más razones para dar gracias a Dios.  Oh, espera.  ¿Sería el destino el causante de mi fortuna?  Hum, y entonces, ¿Quién estableció, diseñó o escribió mi destino?  Dicen que el destino está escrito.  Entonces, me imagino, que tengo que dar gracias a quien escribió mi destino. ¿Será el mismo Dios en el que creemos muchos?  

De cualquier manera, Dios, el destino escrito para mí, casualidad coincidencia, cosas de la vida, o como quieran llamarle, sigo teniendo mil razones para estar agradecida. Tengo un techo, tengo un trabajo, tengo alimento, tengo una familia, tengo amistades.  Tengo salud aunque con condiciones, no enfermedades, gracias a quien deba darlas.  Yo entiendo que a Dios.  

No visito, desde hace mucho tiempo la iglesia.  Deje de hacerlo, cuando entendí, que en las iglesias lo que se reúnen son un grupo de personas que actúan como si estuvieran en una reunión de un club social.  Aplican las reglas cuando son otros los que las rompen, pero cuando son ellos, ni cuenta se dan de que hay otros que pueden concluir lo errados que están.  

Escuche tantas veces a las mujeres criticar a las otras por la manera en la que estaban vestidas.  Y no era porque estuvieran enseñando mucho o menos.  No, a veces era porque el traje esta arrugado o manchado, o viejo.  Si se puso mucho maquillaje o si no se arregló el pelo.  Yo pensaba que, conforme a la enseñanza que se me había impartido, a Dios no le importa lo que llevas puesto, sino los sentimientos que guarda tu corazón. A Dios no le importa tu físico, sino tu alma.  

No soy perfecta, todo lo contrario, soy un ejemplo de imperfección.  He cometido errores y conforme a la opinión general, garrafales.  He causado daño a personas. Por ignorancia, por voluntad, con conocimiento o ignorando dicho conocimiento.  Conociendo el efecto de mis acciones o sin conocerlo.  Me he arrependido de aquellos que he conocido o reconocido su efecto doloroso en otros.  Espero me hayan perdonado.  Como dice mi hija, solo Dios perdona.  ¿Debo entonces sentirme perdonada? A Dios he pedido perdón. A los afectados por mis acciones también. He escuchado las palabras “te perdono”. ¿Me debo sentir absuelta de mis pecados?  Tema para otro día. 

Por el día de hoy, solo quiero repetir y repetir las razones para sentirme bendecida.  Cada día que pasa, cada semana, cada año, recibo más bendiciones. La vida, conforme a muchos, no es justa.  Nadie dijo que lo sería, ni siquiera la Biblia. La percibirás más justa en la medida en que aceptes, que no es justa. La percibirás más justa en la medida en que aceptes que habrá momentos no tan fáciles y muchos más momentos felices.  En la medida en que mires las cosas malas como enseñanzas para fortalecerte y hacerte ver que hay cosas por las que vale la pena ser feliz, dar gracias y atesorar esos momentos que hacen de tu vida una bendición.